SOBRE LOS SHUPERLUNISTICOS

Revisando las noticias, salio a la luz y me la recordó el administrador de un blog amigo, sobre los shuper, escritas por periodistas de LUN , esta entrevista me hizo recordar a una columna que Volodio me mando llamada critica a los culturales que a continuación se la entregare, debo aclarar que la escribió cabeza de nada en una Revista de la Universidad de Chile, llamada Macondo.

Como también existe su versión actualizada en una revista amiga de los germenterrorianos, llamada Mala Clase. Una impronta acida, cruda y que fácilmente elevas una sonrisa. (hacia nosotros mismo/as)

PS: Se agradece que la lean entera ambas, para así opinar y comentar.

Corte Chocopanda: de heladeros a cuicos. Hacia una genealogía de los pendejos pokemón.

Por Cabeza de Nada

Nada te prepara –en los colegios con letra y número- para entrar a la U, y enfrentar la sorpresa de ver cientos de rubiecillos personajes con ese extraño corte de pelo antes propiedad de los flaites: el chocopanda, o más conocido como “choco”. ¿Cómo mierda llegó ese corte de pelo, despreciado, marginal, flaite, a ser el favorito de los niños rubios de estos años?

El choco es sinónimo de helados o de que te van a colgar, y siempre en los colegios periféricos mis compañeros optaban por el corte callampa, porque el que tenía choco era flaite. Corte callampa y choco eran las dos fuerzas sociales que yo conocía: el weón masa que le copiaba a la tele y el weón flaite.

Pues bien, esto era más o menos así hasta que empezó a desarrollarse una nueva clase social-juvenil: los culturales. ¿Quienes son los culturales? Básicamente son cuicos-picaos-a-pobres que eran hijos de retornados políticos, carecían de talento, y estudiaron en colegios cuicos-alternativos-progres donde si se hacían caca, podían ponerla arriba de un Block Artel y presentarla en Artes Plásticas: obtenían un “Muy Bueno”, y no un 7, porque pa’ ellos los sentimientos no pueden ser reducidos a números. A fines de los ‘90 estos jóvenes entran a taquillar al Parque Forestal con sus malabares. La fama del “diávolo” a fines de los ‘90 ya nos empezaba a hablar de la incidencia social de este tipo de cabros, junto con Balmaceda 1215 y toda esa onda de “no fumo paragua, sólo verde que cultivo en mi casa junto a mis padres”.

Un día uno de estos weones vio un flaite, le tasó el chocopanda y quedó extasiado, ¿qué wea más in, loca, chora y en la onda que un flaite pobre? Rápidamente lo imitó en su cabellera rubia, y le agregó una vestimenta extraña de pobre que combinaba lo aprendido en mochileos a Bolivia y películas en blanco y negro sobre la Unidad Popular.

Ahí empezó la elitización del chocopanda, su entrada al neohippismo de los culturales. Pero todavía quedaban dos pasos. El primero fue la masificación de la cultura: Papi Ricky (Lagos) y Michelle se ascurrieron, reacondicionaron La Piojera e inventaron la cultura FONDART, una manera de combatir la cesantía de sus hijos que habían estudiado carreras raras como “Danza africana”. Con el timbre de “Gobierno de Chile” se creó lo juvenil-aceptado-por-el-sistema, fingiendo ser alternativo y crítico.

Pero el paso realmente triste en el viaje del choco es su trayecto “de vuelta”: un día un weón normal de comuna periférica, que ya estaba medio aburrido del corte callampa, vio al cuico con un choco-cultural-rubio y lo encontró piola. Le llamó la atención esto de estar a la moda al no querer ser parte de la moda. Y le copió el mismo corte de pelo mediante el cual discriminaba por flaites a sus vecinos. El espíritu chocopandero giraba sobre sí mismo y volvía significando ya lo contrario, no el ser cuma, sino el querer no serlo. Ahora el choco era para sentirse elevado, alternativo, extraño, sensible.

De ahí en adelante la wea fue simplemente degeneración. Los malabaristas del Parque Forestal empezaron a ir al gimnasio para mostrar sus calugas en sus performances, y apareció Kudai y los pokemones, donde se mezcló sin ningún asco todo lo que tuviera olor a alternativo. Zapatillas Converse, chocopanda, poleras de Fun People, lo mapuche, el lana, la misma palabra “rebelde”, etcétera.

Pero el viaje de vuelta del choco, y su posterior masificación, al final no fue tan mala. Con su gran movimiento del 2006, los pendejos pokemones resultaron ser la fuerza social más grande de los últimos 15 años… dejando atrás a flaites, culturales, cuicos y al viejo púber-noventero-loser de corte callampa (o sea, yo).

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