HAY COSAS QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR. PARA TODO LO DEMÁS EXISTE YOMANGO


Imagine que tiene el estómago vacío. Y que en casa lo espera un apetitoso ceviche. Su mejor amigo ha comprado dos bandejas de reineta fresca en el supermercado más cercano. Ha llorado picando la cebolla, el perejil…estrujado el kilo de limones. Llega la hora del pescado, pero ¡eureka! el animal marino huele a alcantarilla tapada y se deshace al tacto. Usted vuelve a chequear la fecha de envasado, se agarra la cabeza, se tira el pelo: la fecha de envasado es hoy. Más de 7 lucas a la basura.


Ahora, ¿no volvería usted al supermercado más cercano, agarraría todas las bandejas de frescos y embutidos que encontrara y las dejaría derretirse abandonadas en un carro, donde antes ha dispuesto blocks de papel, cartulinas y cuadernos de tapa blanda?

Ese es el espíritu Yomango.

¿Manguemos?
“YOMANGO [de Mango, popularísima firma comercial española de ropa, y el aún más popular acto de “mangar”, esconder bajo la manga] es una marca cuyo objetivo principal, como el de todas las marcas importantes, no es tanto la venta de cosas, sino la ‘adquisición’ masiva de un estilo de vida”.
Yomango, en teoría, propone que el mercado capitalista se nutre de ideas, imaginación, deseos y experiencias, que “expropia” y devuelve alienadas, ajenas, convertidas en “cosas” que puedes comprar. Es la explotación de la inteligencia, la creatividad colectiva. Por tal, es deber del consumidor “reapropiarse” de lo que pertenece a todos, mediante gestos. Gestos que pueden considerarse como micropolíticas de poder.
No se trata simplemente de robar, no. Mangar es un acto creativo, emplazado por sobre el bien y el mal. “YOMANGO no es robo: la propiedad es el robo”.
Si el oficinista de corbata y traje gris que labura de 8 am a 7 pm, llega a casa con los bolsillos llenos de lápices, corcheteras y correctores líquidos, no es necesariamente un cleptómano. Probablemente sienta que se está llevando una milésima parte de lo que le han quitado, pero aún así comparte los lápices y correctores con su familia y amigos.
Probablemente no lo sepa, pero el hombre de gris está cultivando un estilo de vida Yomango.

Foto por Orianomada

La ironía posmoderna
Yomango no se trata de acumulación. Al contrario, lleva al extremo la libre circulación de bienes. El mercado ofrece una ilusión de libertad, a través de la libre oferta de productos de consumo y también un espejismo de espacio público, aunque los Centros Comerciales (los Maaallsss) sean absolutamente privados.
Ahí se inserta la ironía, la subversión… el punto de fuga: el que manga no roba a personas, sino que despoja al mercado mediante reglas que son propias de él. Se trata de despistar, de jugar creativamente con los códigos del mercado. Si el ser posmoderno está triste, porque – en fin – le pagan poco, no puede comprar la alegría que se le ofrece personificada en cosas, muchos objetos que realmente no necesita, tiene dos opciones: saltar de un piso alto (que vendría a ser lo mismo que acogerse al crédito) o Mangar. Una microresistencia. Algo así como el que ríe último ríe mejor.

Foto por Orianomada

Confieso que he mangado
Bueno… sí. Tuve un trabajo temporal en una conocida cadena de Ropa. La verdad es que era un infierno. Tenía que ordenar las prendas por colores a diario y estar 8 horas de pié (sin contar la media hora de almuerzo, donde comía mi sándwich apretada en una bodega de 5 x 5, atiborrada de prendas sin alarma). A menudo debía lidiar con las viejas cuicas, que hacían preguntas ridículas y pedían los mismos pantalones en toda la paleta de colores del universo. El clímax de mi día era comerme un helado, sentada en una de esas horribles banquillas y extrañar la luz del sol. Salía del Mall de noche, cansada y aburrida. No pagaban mucho, pero lo suficiente para despertar al día siguiente y recorrer el trayecto de 45 minutos en microbús hasta el lugar de trabajo. Realmente necesitaba la plata.
Un día cualquiera, en medio del tedio, recordé a Yomango: “sería tan fácil pelarme algo de aquí…” Así que me entregué a la divertida misión de entender el sistema de alarmas y buscar prendas a la venta sin el plástico duro y blanco. Noté que mis compañeras (las que tenían más rango que yo, claro) dejaban pasar sin alarma un accesorio por aquí, una polerita por allá.
Al fin tuve un saldo a mi favor: una blusa negra de encaje de precio exorbitante y un collar bastante feo, que luego regalé.
Renuncié impunemente y con el conocimiento de que existe una conspiración en las grandes tiendas de ropa para dejar ciertas prendas sin alarma (especialmente en las liquidaciones).
Si Winona lo hace ¿por qué yo no?

Mas información:
www.yomango.org
www.yomango.net

5 Comentarios

  • SATA dice:

    cada vez q entro al supermercado me acuerdo de esta cancion!

  • REL dice:

    Q MIERDA QIEREN LOGRAR CON EL YOMANGO HE LEIDO ALGO SOBRE EL LIBRO MORADO I NOSE Q OTRA MIERDA.
    ENCUENTRO LA WEA MAS ESTUPIDA PENSAR Q ROBANDO SE SOLUCIONAN NUESTROS PROBLEMAS
    OSEA CAGATE EN EL Q TRABAJA I MEJOR ROBALO LISTO

  • eloisajota dice:

    no se trata de cagarse a la gente que trabaja o de robarle a los ricos. a retail y supermercados sí, a la gente no, got it?

  • emmm dice:

    hay algo cierto: “la propiedad privada es un robo”. y también otra cosa: “el trabajo asalariado es el robo”. lo unico sí es que es compañero de más arriba parece creer que en el artículo se propone el yomango casi como una salida al proble fundamental de la propiedad privada. pero eso no es así, es algo con lo que en el cotidiano podemos vivir un poquito más felices al saber nos estamos cagando a una gran empresa. lo otro, lo que nos permitirá acabar con la propiedad privada, la explotación, es lo que debemos asumir como único fin: el fin de la sociedad de clases y el capitalismo. y para ello debemos ocupar métodos como la organización sindical y la acción directa, el sabotaje masivo a los grandes capitales, etc. !lo del yomango es para poder comer algo rico una vez a la semana¡ ya que con lo que nos pagan sólo nos alcanza para comer, y otro póquito más de plata que nos dan para que podamos endeudarnos y sigamos siendo sus esclavos…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *